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Mindfulness y economía: más parecidos de lo que crees

Ambos tratan sobre tomar decisiones con más información y menos sesgo. Un puente inesperado entre dos áreas.

Cuando comencé a practicar meditación mindfulness, no esperaba encontrar conexiones con la economía. Pero las hay, y son más profundas que una metáfora superficial.

El problema de los sesgos cognitivos

La economía conductual - Kahneman, Thaler, Ariely - documentó extensamente que los seres humanos tomamos decisiones de manera sistemáticamente irracional. Somos hiperbólicamente impacientes, sobreestimamos pérdidas respecto a ganancias, dejamos que el contexto de presentación de opciones cambie nuestras preferencias.

El mindfulness, en esencia, entrena la capacidad de notar los procesos automáticos de la mente antes de actuar sobre ellos. No los elimina - pero crea un espacio entre el estímulo y la respuesta. Ese espacio es exactamente donde puede operar la racionalidad.

Atención plena como herramienta de decisión

Un economista clásico diría que las preferencias son exógenas y estables. Un economista conductual diría que son endógenas y moldeables por el contexto. El mindfulness sugiere algo adicional: que podemos, con práctica, observar nuestras preferencias en tiempo real y cuestionar si son realmente nuestras o producto de un sesgo momentáneo.

Cuando siento urgencia de tomar una decisión de inversión rápidamente, la práctica contemplativa me ha enseñado a reconocer esa urgencia como información sobre mi estado emocional, no como información sobre la calidad de la oportunidad.

El valor de la incertidumbre

Tanto la buena economía como el mindfulness tienen una relación honesta con la incertidumbre. La economía bien aplicada no pretende eliminar la incertidumbre - la modela, la mide, y toma decisiones que son robustas bajo distintos escenarios. El mindfulness no pretende eliminar la ansiedad - enseña a relacionarse con ella de una manera que no paralice ni distorsione.

Tanto el análisis económico riguroso como la práctica contemplativa comparten el mismo objetivo: reducir el papel de la ilusión en las decisiones importantes.

Aplicación práctica

No propongo que los economistas mediten antes de construir un modelo. Propongo que cultivar la capacidad de observar los propios procesos mentales - incluyendo los sesgos, la aversión al riesgo emocional, la necesidad de certeza - produce mejores analistas y mejores tomadores de decisiones.

En mi caso, la práctica diaria de mindfulness (10-15 minutos) ha mejorado mi capacidad de mantener la atención en problemas complejos, de tolerar la ambigüedad sin resolverla prematuramente, y de comunicar incertidumbre sin que me incomode decir "no sé".

Que eso tenga valor económico también me parece, curiosamente, bastante probable.